Artículos, Coaching

Cómo gestionar el cambio

¿Has sentido miedo alguna vez ante un cambio en tu vida?

¿Tienes un sueño al que renuncias por temor?

¿Cuántas oportunidades has perdido por no saber gestionar una nueva situación?

La gran mayoría deseamos mejorar, y para ello parece lógico pensar que si queremos resultados diferentes hemos de hacer cosas diferentes. Es decir, en mayor o en menor medida, hemos de cambiar. ¿Y por qué no lo hacemos? A mi modo de entender, en muchas ocasiones es por comodidad. Cambiar conlleva un coste, ya que cuando hacemos algo de manera rutinaria llegamos a un punto en el que actuamos sin tener que pensar. Sin embargo, cuando queremos aprender algo nuevo precisa de un esfuerzo extra (mayor atención  e incertidumbre). ¿Y cuándo nos decidimos a intentarlo? Hace ya unos siglos Maquiavelo en su libro “El Príncipe” señalaba que para manejar a las personas los mandatarios podían recurrir a dos fuerzas que nos mueven: –          Una es la ilusión, un fuerte deseo que sentimos por lograr algo que entendemos que es importante para nosotros. –          La otra es el miedo, miedo a perder, a que suceda algo irreparable. Pero como decía Nelson Mandela, el miedo más intenso, en ocasiones, es el miedo a brillar, a tener éxito. Por lo tanto, para decidirnos a emprender un cambio suele ser necesario o una fuerte ilusión por lograr algo, cosa poco común, o lo más común es una fuerte necesidad dada una situación que se torna insostenible, es decir, nos resulta tan desagradable que es más cómodo hacer algo que no hacerlo. Una variable esencial a la hora de afrontar con éxito una situación nueva es estar tranquilos y con autoconfianza. De esta forma podemos hacer uso de nuestros recursos (conocimientos, capacidad de buscar soluciones, etc.). Si ocurre lo contrario, es decir, nos alteramos y tenemos escasas o nulas esperanzas de superar la situación, se produce lo que se denomina el “secuestro amigdalino”. Esto significa que nuestra zona del cerebro racional está inhabilitada, ya que son las emociones las que han tomado el mando y nos convertimos en esclavos de ellas. ¿Y de qué depende para mostrarnos tranquilos o alterados? Podemos destacar tres variables que van a incidir de manera decisiva:
  • La valoración de la complejidad de la situación.
Si entendemos que es una situación que no requiere de una gran capacidad para superarla será más probable de que podamos sentir confianza y tranquilidad.  
  • La valoración de nuestra capacidad para afrontarla.
Si valoramos que tenemos suficiente capacidad para gestionar la situación favorecerá la sensación de dominio, suficiencia y sosiego.  
  • La valoración de las posibles consecuencias. Si consideramos que las consecuencias serán determinantes en nuestro futuro nos cargará de presión, especialmente si estas posibles consecuencias son negativas e irreversibles.
Ahora que hemos hecho este repaso, ¿qué has aprendido sobre gestión del cambio? Y lo más importante ¿cómo y cuándo vas a aplicar estos aprendizajes?   Fabián Villena Director del Instituto de Actitudes Positivas”